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Sant?simo Patriarca  de Mosc? y Toda Rusia KIRILL

Santísimo Patriarca de Moscú y Toda Rusia KIRILL

 

Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero Metropolitano de Am?rica Oriental y Nueva York HILARION

Primer Jerarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Extranjero Metropolitano de América Oriental y Nueva York HILARION

 

Obispo de Caracas y Suramerica JUAN

Obispo de Caracas y Suramérica JUAN

Terremoto en Chile Imprimir Correo electrónico
Lunes 22 de Marzo de 2010 17:21

“No moriré, viviré para contar las maravillas del Señor”

Terremoto en Chile

La experiencia de este verano ha sido como nunca, primeramente la grata visita pastoral de Su Gracia, nuestro Obispo Juan de Caracas y Sudamérica en tres de nuestras ciudades, Santiago, Concepción y Valdivia, luego vino un tiempo de descanso de verano pero en el sur de Chile, con mucha lluvia, parecía que estábamos en un crudo invierno, como si fuera el presagio de algo mayor. Nuestros niños un tanto aburridos añorando días de playa. Durante cuatro domingos celebramos la Santa Liturgia muy cerca de la Ciudad de Valdivia, en un ambiente muy íntimo y de gozo espiritual. De regreso a Concepción nos preparábamos para enfrentar un año laboral que todo indicaba sería intenso en preocupaciones y difícil en realización. Ya iniciada la cuaresma sentíamos poco a poco un consuelo espiritual.

El sábado 27 en la madrugada toda mi familia dormía, aunque de lejos se sentía el sonido musical de las últimas celebraciones del verano pues la semana siguiente sería el inicio de las actividades en los colegios, institutos y universidades. Tanto el sueño como las pocas actividades de esa madrugada fueron violentamente interrumpidas, la tierra empezó a moverse agitadamente como nunca lo habíamos sentido, al instante se cortó el suministro eléctrico y la oscuridad hacía más difícil entender lo que pasaba… un gran ruido, todo lo propio de un hogar rodaba por el suelo, el movimiento era tan violento que no nos podíamos sostener en pie y menos bajar al piso inferior de la casa... en mi corazón no supe decir otra cosa que clamar al Señor… “sálvanos, sálvanos Señor”… “que pare, que termine pronto”… y el movimiento seguía y seguía, después de un “interminable” tiempo el movimiento continuaba más suave y pudimos reunirnos en el patio junto a nuestros vecinos, estábamos todos sanos aunque con todo nuestros enseres rotos y en el suelo”, entre la oscuridad de la noche nos mirábamos unos a otros y brotaba de diversos modos la gratitud a Dios por el Don de la vida… las replicas del sismo siguen una tras o otras, hasta hoy todos los días y todas las noches, más o menos de 15 temblores diarios, es como si la tierra necesitara acomodarse en su lecho, algunas de estas réplicas son alrededor de los siete grados.

A medida que las horas pasaban las noticias eran más desoladoras, aunque las autoridades anunciaron que no había peligro de tsunami, a las pocas horas el mar se lanzó en contra de la Ciudad y de los poblados de la costa, sólo dos radio emisoras estaban en el aire llamando a la calma, mientras las replicas continuaban y continuaban.

Llegada la luz del día corrimos por todas partes para saber de los fieles, amigos y conocidos más cercanos a nuestro hogar, finalmente y con mucha dificultad llegamos al centro de la ciudad, el ambiente era muy desolador, parecía una ciudad bombardeada como en las fotografías y películas de guerra. Edificios es el suelo, escombros por todas partes y peligros de derrumbe.

Llegada la tarde del mismo día, llegó algo mucho más terrible que el terremoto y que el tsunami, el saqueo, los asaltos, la destrucción como resultado de la acción de la miseria humana, los supermercados y el comercio fueron saqueados por bandas… algunos recintos carcelarios de la región se derrumbaron y los prisioneros escaparon con lo cual el temor se apoderó mayormente… la policía se vio sobrepasada. Durante 8 noches el problema se agudizó, sin energía eléctrica, sin agua, sin teléfono, ni pensar en el Internet ni en la televisión. En los primeros tres días fue necesario organizarse entre los vecinos para montar guardia y cerrar las calles ante la amenaza de llegada de la delincuencia… tuvimos que cerrar nuestras propias calles, se hicieron fogatas por todos lados, preparándonos para resistir a las turbas nocturnas… en un día habíamos regresado al tiempo de las cavernas, pero ahora con hombres inútiles, con serías dificultades en la técnicas de defensa y sin estreno para vivir sin los servicios básicos y me preguntaba… ¿Dónde esta el resultado de tantos años de trabajo en la educación?... ¿Dónde estaban los fervorosos cristianos y dónde estaban los llamados 500 años de evangelización de nuestro pueblo?. Esto es lo más vergonzoso que hemos vivido, es una experiencia más fuerte que la del terremoto.

Después de algunos días pudimos comunicarnos con los fieles, familiares y amigos de otras ciudades, el servicio telefónico funcionaba por algunos momentos. El comercio cerrado y saqueado hasta el día de hoy… no funcionaba ninguna oficina, la policía sobrepasada, con psicosis de tsunami, en las calles los automóviles circulaban como en una selva, pasaban por donde podía, los puentes del gran río Bio Bio cortado y carros destruidos por todas partes. Empecé a visitar el Hospital Regional en el centro de la Ciudad, allí faltaba de todo, sobre todo personal de servicio… fue impresionante acompañar a los heridos y moribundos, a los rescatados de los escombros… se hacía sentir una gran necesidad de acompañamiento espiritual, era como si todo el mundo fuera ortodoxo pues a los enfermos en esas circunstancias, no les importa desde que Iglesia les visita, les ayudan y de que modo oran con ellos y en las calles era fácil conversar con los sobreviviente como si fuéramos conocidos de muchos años. Estuve cerca de una dama que estaba en el quirófano siendo intervenida de peritonitis, en el momento del terremoto el médico sacó la camilla y enseguida el recinto se derrumbó y ella regreso de la anestesia bajo un árbol cerca de la calle con su cuerpo abierto en la zona de la operación; algunos que el viernes fueron intervenidos en su corazón, el sábado casi mueren de susto, otros cayeron desde los árboles en los cuales se refugiaron, algunos quemados, otros rescatados debajo de los escombros de los edificios que sucumbieron, otros huyeron del mar y buscan a sus seres queridos.

A medida de mis posibilidades fui visitando a los creyentes, una señora de Moscú me decía… “quiero regresar a mi casa… no quiero estar aquí”. Muhos de nuestros fieles son comerciantes, lo que no les destruyó el terremoto los destruyó el vandalismo humano, tenemos algunos damnificados pues no pueden regresar a vivir en sus casas. Felizmente nuestra comunidad en Santiago y los creyentes de Valdivia están mejor que nosotros en cuanto fue allá más suave el movimiento telúrico.

Hemos pasado más de 10 días sin suministro de agua, felizmente en los cerros hay agua pura (de vertiente) que los que vivimos más cercanos podíamos ir a buscar algunas veces al día. El gobierno dispuso la presencia militar en las calles y un estado de sitio que nos permitía primeramente, sólo seis horas diarias para estar fuera del hogar. Después de varios días donde todo estaba paralizado, el comercio empieza a ofrecer algunos productos aunque en un elevado valor. Al ser Chile una larga y angosta franja de tierra, al estar cortados los caminos, no se garantizaba el sustento para nadie.

Cuando la ciudad empieza poco a poco a regresar a su normalidad, viene ahora la emergencia sanitaria, la basura se acumuló por todas partes, los refrigeradores sin la energía eléctrica dieron paso a la putrefacción. Ahora nos preparamos para vivir las últimas dos emergencia, la de los efectos post traumáticos de los cuales nos han advertido, y de la situación laboral que tardará un largo tiempo en regularizarse, pues el Instituto Educacional en el que trabajamos, vive del pago de sus estudiantes y estos son de condición social precaria y ahora con más dificultades que nunca pues se anuncia la perdida de la fuente laboral de más de 20.000 trabajadores. Nuestra mayor preocupación es la situación laboral, la misión ortodoxa y nuestra familia viven escasamente de nuestro trabajo, ahora la situación es más precaria que nunca.

El terremoto llegó cuando estamos legalizando la donación de un terreno para la construcción de la futura y primera Iglesia ortodoxa en esta ciudad. Las dependencias en las cuales celebramos los servicios litúrgicos quedaron dañados y por de pronto celebráremos en un colegio del sector.

En medio de esta catástrofe, fue un gran consuelo la preocupación y cercanía humana y espiritual de nuestro Metropolitano y de nuestro Obispo Juan de Caracas y Sudamérica, para quienes pedimos que sean muchos sus años, las muestra de aprecio de nuestra comunidad San Nectario de Santiago, el llamado de petición de ayuda del Fondo de Asistencia de nuestra Iglesia. El apoyo espiritual desde Jordanville y la cercanía paternal de varios hermanos sacerdotes que se han comunicado con nosotros. Nuestro corazón se siente lleno de alegría y gratitud por darnos la vida y permitirnos servir a su Iglesia. Dios retribuya a nuestros Archipastores, hermanos y creyentes su amor y cercanía en estos momentos de dolor, en este tiempo en el cual la tierra aún sigue moviéndose.


Padre Alexei Aedo – Vilugrón
Concepción Chile, Marzo 12 de 2010.