| Epístola Pascual del Reverendísimo HILARIÓN, Metropolitano de América Oriental y Nueva York, Primer Jerarca de la Iglesia Rusa en el Exterior |
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| Miércoles 14 de Abril de 2010 04:46 |
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Nueva York: 2 de Abril de 2010. ¡Amados en el Señor Archipastores, pastores, monjes y monjas y todos los fieles hijos de la Iglesia Rusa del Exterior! ¡CRISTO RESUCITÓ!
¡Cristo Resucitó! En esto se encierra todo el significado de la fe ortodoxa. Dice el santo apóstol Pablo: «Si Cristo no hubiera resucitado, toda nuestra fe sería vana» (1 Cor. 15, 17). Estas palabras del apóstol no son casuales, por cuanto es justamente en la luz de la Resurrección de Cristo que se le devela al ser humano la plenitud de su salvación.
En la Iglesia recibimos el Santo Bautismo, se nos da instrucción en la fe, tenemos la posibilidad de arrepentirnos de nuestros pecados, recibimos la bendición para toda buena obra terrenal, comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Para el pueblo creyente, es especialmente claro en los días Pascuales la inmensidad mística del Misterio de la Eucaristía, y, para los ojos creyentes se hace evidente la presencia en la Iglesia de Cristo Resucitado en Persona. Recordemos que para la Iglesia, fundada en la tierra por nuestro Señor Jesús Cristo, son ajenos los sentimientos de división, de cisma y de las enemistades mundanas. Ser parte de esta Iglesia es una gran alegría, y, al mismo tiempo una enorme responsabilidad. Por eso, hoy, en la alegría de festejar la Resurrección de Cristo, alejemos de nuestra vida el ánimo de división, de separación, del pecaminoso orgullo personal, recordando que «uno es el Señor, una es la fe, uno el bautismo» (Еf. 4, 5). En estos días luminosos recordemos a aquellos que están enfermos y pobres, a los solitarios y perdidos, a quienes, persiguiendo ideales falsos, no han hallado el sentido de la vida verdadera– la vida en Cristo y con Cristo. Seamos benefactores en los campos de Cristo, y «nuestro Padre, que ve lo oculto, nos dará en consecuencia » (Мt. 6, 18). Os convoco a todos, amados míos: guardad la pureza de la santa fe en Cristo, trasmitida a nosotros por los Santos Padres, compartan la tibieza de esta fe con sus cercanos y con los mas alejados; en todo lugar y en toda acción «actuad con mesura, no cómo inconscientes, sino cómo sabios, cuidando el tiempo, porque los días son traicioneros» (Еf. 15, 16). ¡De corazón os saludo a todos una y otra vez con la inmensa y salvífica fiesta de la Resurrección de Cristo! Que estos días santos sean para ustedes días de luminosa alegría espiritual. Que el Señor les conceda a ustedes, que creen en Su Resurrección, fortalecimiento de sus fuerzas espirituales y físicas, sabiduría, tolerancia, consuelo y amor. CRISTO RESUCITÓ! Hilarión http://www.synod.com/synod/2010/4mhpaschalepistle.html Traducción de Elizabeth Jurlowa |











Por la misericordia de Dios han llegado a su término los días de la Gran Cuaresma, en los que hemos tratado de purificar nuestra almas y nuestros pensamientos a través del ayuno y la oración, preparándonos para la inmensa y magnífica fiesta – la Pascua del Señor, la Radiante Resurrección de Cristo; la fiesta que la Santa Iglesia nombra como “la fiesta de las fiestas y la solemnidad de las solemnidades”. Porque la Pascua no es sólo recordar el hecho mas significativo en la historia del mundo. Ella constituye el sentido todo de nuestra vida actual y futura.